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¿El Principito tenía razón?¿Deberíamos todos superar una prueba de comprensión de este libro? Dale al coco un poco entrando en http://macarro.blogia.com August 08 La esencia del YO
El Dr. X buscaba la esencia del Yo. Toda su vida llevaba en el empeño, infructuoso hasta entonces. Demasiadas interferencias alteraban el resultado, una y otra vez. ¿Cómo distinguir el auténtico Yo de entre la maraña de influencias externas que lo contaminan? Gasset ya lo intuyó: somos lo que somos (llamémoslo el Yo puro), más todas las circunstancias que nos rodean en cada momento. El Dr. X siempre soñó con separar a estos dos gemelos siameses. ¿Cuántas de las decisiones importantes de nuestra vida, las que dieron forma a nuestro carácter, fueron artificialmente inyectadas desde el exterior? ¿Cuánto nos han inculcado otras personas, nuestros padres, amigos, la publicidad, los medios de comunicación, la demagogia de nuestros líderes...? ¿En qué medida nuestro verdadero Yo ha sido sepultado bajo una espesa capa de consignas, de eslóganes disfrazados de enseñanzas, que no son realmente nuestros, sino de intereses ajenos que consiguieron introducirse en nuestra mente, parasitándola con algo que ya no era nuestro, pero que asimilamos inocentemente como tal? El procedimiento para la búsqueda del Yo estaba claro: Había que eliminar todo aporte exterior de información, desde el momento del nacimiento hasta la etapa de madurez, dejando sólo la innata, la derivada de la limpia interpretación de nuestro ADN en la fase de desarrollo. Pero, ¿cómo hacerlo? ¿Por medio de regresiones hipnóticas? ¿Técnicas de reforzamiento positivo o negativo que filtrasen pensamientos? El Dr. X preparó durante años el experimento final, así como las secretas técnicas de clonación humana que iba a necesitar para ello. Extrajo con cuidado una célula madre de su propio organismo, la situó sobre el sistema de cultivo que había desarrollado tras casi una vida de intensos esfuerzos. El sistema de cultivo, su obra maestra, era capaz de activar en el orden correcto todas las secuencias de transcripción genética necesarias para desarrollar una vida completa, ¡incluso una vida humana! El Dr. X era consciente de las graves consecuencias éticas de tal proceso. Tanto era así, que dudaba a veces de sí mismo, y de su propia humanidad. ¿Por qué no experimentaba ningún estremecimiento al imaginar una forma de vida humana desarrollándose de forma artificial? Sabía que la gran mayoría sí lo experimentaba. ¿Sería él un psicópata, un ser insensible al sufrimiento de otro ser humano? Se miraba al espejo, y ahora sí se estremecía: ¡No sentía nada! El conocimiento, derivado del experimento, superaría todo conflicto ético... Quizá de forma similar a un técnico de laboratorio que arroja un pobre ratón, aún vivo, al cubo de basura sin pestañear... ¿Algo faltaba en su mente? Tal vez, pero la imagen del espejo le insistía en que no era ese su problema. Su problema, al que dedicó su vida y puede que hasta su epitafio, era otro: La Historia le recordaría como el descubridor de la esencia del Yo; el tiempo sería el encargado de diluir los problemas éticos, tal como había ocurrido otras veces en esa misma Historia. Colocó la célula en el centro del complejo sistema de cultivo, al alcance de miles de sensores químicos y electrónicos listos para ser activados. Una célula de su propio cuerpo, con toda su información genética, suficiente para definirle a él tal y como era. La mano del Dr. X tembló al acercarse al botón rojo, y pareció dudar. ¿Cuántos años de su vida había dedicado a desarrollar toda la metodología y aparato necesarios? No lo recordaba. Había sacrificado familia, alegrías, felicidad, todo arrinconado para dejar espacio al afán del conocimiento, y a una disciplina estricta que le llevaría a la explicación última de sí mismo y del resto de seres. Oprimió el botón y el sistema de cultivo se puso en marcha. La refrigeración zumbó, bombas y válvulas vibraron. Finalmente el complejo entero, una estructura del tamaño de una habitación, se selló herméticamente, con una minúscula célula viva en su interior. Todo el bloque era estanco, ninguna influencia externa podía llegar a sus entrañas, ni sonidos, ni luz, ni olores... La paz más absoluta acompañaría a la célula en su viaje de crecimiento. El sistema informático tomó las riendas de los procesos de replicación, muy acelerados en comparación con los procesos naturales. La embriogénesis de la pequeña célula casi se percibía a simple vista. El Dr. X, ajeno a los problemas de conciencia, sólo se emocionaba cuando pensaba en el milagro técnico que le permitía simular nueve meses de desarrollo embrionario en apenas dos días. Y así fue: En un par de días los sensores arrojaban los datos esperados. El bebé había alcanzado el estado físico equivalente a nueve meses de desarrollo. Sería el momento de nacer, para un bebé normal, con la diferencia de que este bebé no nacería... en el sentido habitual del término. Unos mecanismos cortarían el cordón umbilical y trasladarían a la criatura a un compartimento adyacente, igualmente estanco, aislado también de todo estímulo externo, donde sería alimentado de manera automática… ¿Realmente era un nacimiento? Qué frialdad tan horrible era necesaria para justificar un avance tan grande. El Dr. X se consolaba asegurándose que los sentimientos no eran buenos consejeros, sobre todo en ciertas decisiones técnicas y empresariales, cuando están relacionadas con el progreso de la humanidad. Aquél bebé iba a crecer muy rápidamente, pero ajeno al mundo, del que le separaban unas gruesas paredes metálicas, saturadas de sensores moleculares que seguían silenciosamente cada etapa de su crecimiento. - ¿No es una crueldad? - Se preguntaba a sí mismo, dudando de nuevo. Y para resolverlo, respondía a un interlocutor imaginario con un dilema que a menudo acudía a su mente: "Si para salvar a diez personas tuvieras que matar a una, ¿qué harías?". Hacía una pausa, y sonreía lentamente al imaginar la confusión mental de su interlocutor. Efectivamente, el dilema delataba a los sentimientos como fuente de problemas a la hora de elegir las mejores soluciones a determinadas cuestiones. Luego los sentimientos no eran buenos. Ahora ya se sentía mejor: la propia Naturaleza le justificaba, pues la frialdad no era mala, sino el medio correcto para conseguir grandes fines. Para salvar a esas diez personas, era necesaria mucha, mucha frialdad, y elegir la mejor opción. Ahora ya podía observar de nuevo la pantalla de infrarrojos sin sentirse mal, mientras el pequeño bebé tanteaba inútilmente las paredes metálicas, en la más absoluta oscuridad. Ahora el Dr. X podía experimentar sin pesadas cargas emocionales. Giró la cabeza y miró el retrato de Edward Teller, el padre de la bomba de hidrógeno, gran hombre de ciencia que nunca se doblegó pensando en el daño que podía hacer con su trabajo. Fue más inteligente que eso: ¡Sólo pensó en los beneficios, y nunca en los inconvenientes! El Dr. X sabía que ese era el camino a seguir. Transcurrieron dos semanas. El bebé ya no era tal. Su organismo, en acelerado crecimiento, representaba ya unos 5 años de edad. El Dr. X, consciente de que sus propios genes habían dado forma a esa vida, se inquietaba sin saber muy bien por qué. Tal vez porque comenzaba a reconocer en aquél niño sus propios rasgos físicos y faciales. De hecho, el parecido era asombroso, a juzgar por el álbum de fotos de infancia que el Dr. X hojeaba, comparándolo con los monitores. Sin embargo, parecidos aparte, algo extraño emanaba del niño. Algo indefinible, que cualquiera describiría diciendo que el niño no era normal. Algo en su comportamiento, o mejor dicho, en su falta de comportamiento. Aquél niño no jugaba, no lloraba, no emitía sonidos. Llegaba en todo caso a agitarse levemente, como una rama al viento. Con su metabolismo acelerado, ese niño hubiera sido un superdotado en nuestro mundo: su capacidad de aprendizaje habría sido tan potente como su rapidez de crecimiento. Pero en el interior de la incubadora el entorno había sido cuidadosamente estudiado: ¡Allí no había nada que aprender! El pobre muchacho crecería a gran velocidad, pero sumido en una oscuridad y silencio absolutos. Nunca escucharía una palabra, sentiría una caricia, o vería un rostro amable. Ello marcaría su carácter. O, según la opinión del Dr. X, lo purificadría, ya que en ausencia de estímulos sólo su Yo más puro se manifestaría. Produce tristeza el simple hecho de narrar esta historia. Tanto es así que me detendré aquí porque no soy capaz de seguir. Sólo añadiré que el Dr. X esperó a que la edad física del niño alcanzase la suya propia, alrededor de los 50 años, lo que equivalía a unos 4 meses y medio de tiempo real dentro de la incubadora. Entonces detuvo todos los sistemas, abrió el compartimento estanco, y se encontró frente a frente con su otro yo, su Yo desnudo, crecido al abrigo de toda influencia externa, el Yo menos influenciado de toda la historia, el más puro imaginable. ¿Y qué ocurrió? Lo siento, pero no quise saberlo. Abandoné todo interés por esta horrible historia en este punto. Bastante mal he hecho con contar hasta aquí, desvelando algo que jamás debería haber sido ni pensado. Tal vez alguien sepa, o pueda imaginar (y quiera contar) qué fue lo que el Dr. X encontró al abrir el compartimento, y cuáles fueron las reacciones de ambos en aquél instante. Quizá descubriesen algo maravilloso, o quizá su mutuo reflejo no revelase más que el tremendo potencial oscuro que late en el fondo de la humanidad. Por mi parte, como digo, no quiero saber más de esta infernal historia, o siento que mi equilibrio emocional corre peligro. ----------------- Referencias: Dogville. ¡Ojo: Spoiler! Cerca del final sus protagonistas reflexionan sobre hasta qué punto los seres humanos somos culpables de nuestros malos actos, o si compartimos la culpabilidad con la cadena de circunstancias (externas) que nos llevaron a cometerlos, como por ejemplo la educación recibida en la infancia. ¿Hasta qué punto elegimos cómo somos? ¿O es acaso nuestro entorno quien lo elige? ¿Existiría entonces la culpabilidad? July 30 Mundos felicesSusana ha encontrado en un comercio el anuncio que se ve en la foto, en plena calle de San Bernardo. A primera vista no parece nada grave, es un anuncio más entre muchos. Pero si le abres la boca, verás los colmillos. Parece un intento de crear complejos allí donde no los hay. ¿Que tienes un poco de barriga pero eres feliz? ¡Gran error! ¡Debes ser infeliz con tu barriga! ¡No está de moda! El Mercado maquiavélico, donde todo vale si da beneficio, te necesita siempre insatisfecho. Un mundo de gente feliz, tranquila y sin complejos no es buena receta para el día de hoy. Hace poco tiempo era el estilo de vida recomendado por cualquiera: Vivir feliz y sin complejos. Ahora ya no está de moda, alguien debió descubrir que apelar a la vergüenza da más dinero que que apelar a la salud. Un blog de ciencia (qué paradoja) recomendaba visitar un blog hermano recién nacido, dedicado a la estética, y me llamó la atención porque fomentaba la preocupación continua por el aspecto superficial, en lugar de lo contrario (http://www.arrebatadora.com/2008/03/21-adios-al-hombre-de-ceja-unica). Dejé caer un comentario donde me preguntaba si debía despreciar a mis antepasados, que fueron campesinos, porque se preocuparon de aprender a obtener frutos de la tierra, en lugar de sentarse a pensar si tenían pelitos en el entrecejo. Nuestro bienestar de hoy, el excendente de comida y conocimientos, existen gracias a lo que aprendieron cultivando la tierra y la mente. ¿Qué bienestar dejarían algunos a nuestros descendientes? ¿Unas magníficas cremas hidratantes? Me respondieron que por suerte, aquellos tiempos ya habían pasado y daban a entender que nuestra calidad de vida actual nos permitía preocuparnos por otras cosas, como por ejemplo lo superficial. April 28 El cuento de la Bolsa
Todo en él era libre. Por ejemplo, la educación, o la circulación del tráfico en las ciudades, y muchas cosas más, eran libres, se autorregulaban sin intervención de poderes concretos. Tan grande era la importancia de la libertad en este planeta, que los alumnos de los colegios también eran libres de ir o no a clase, autorregulándose, y los conductores eran también libres de circular por cualquier calle de la ciudad, porque no existían señales de tráfico, ni direcciones prohibidas. ¡Faltaría más! El planeta hacía ondear orgulloso su bandera: ¡Somos el planeta más libre de la galaxia! Bajo esa alegría planetaria, flotaban sucesos inquietantes. Se daba el caso de que, a veces, los alumnos de los colegios decidían no asistir a clase, cosa perfectamente legal. Las razones nunca estaban del todo claras. Se decía entonces que se había producido un "crack" educativo en tal o cual fecha. Las aulas quedaban casi vacías, peligraba la institución de la enseñanza, y con ello la sostenibilidad de las generaciones futuras. Igualmente, el tráfico rodado en ocasiones se colapsaba. Miles de automovilistas eran libres de circular por una misma vía, incluso en direcciones contrarias, pues ninguna norma lo impedía, creando atascos de horas o hasta días de duración. Se hablaba entonces de "crack" circulatorio y era portada en los medios de comunicación. Los expertos analizaban estos fenómenos en profundidad, y existían empresas y universidades dedicadas en exclusiva a seguir las tendencias diarias de estas fluctuaciones. Era corriente encontrar analistas observando atentamente gráficas de las oscilaciones, por ejemplo de las asistencias a clase de los alumnos, o de la fluidez del tráfico en la ciudad. Se oían valoraciones como: - "El lanzamiento de la nueva consola XBX en ESP provocará una tendencia a la baja en la asistencia del alumnado a los colegios PUB". - "El cierre del centro comercial ECI en la zona centro augura un incremento en la fluidez del tráfico en el distrito CTR". Siendo así las cosas en este mundo feliz, ocurrió un día que un niño veía las noticias en televisión. En ellas se informaba de graves problemas en los colegios por falta de asistencia, y de terribles atascos en la ciudad. El niño se rascó la cabeza, recordando que no era la primera vez que esto ocurría, y dirigiéndose a su padre le preguntó: - Papá, ¿Por qué hay cracks? ¿Los habría si fuera obligatorio ir al colegio? Los niños faltarían menos a clase, aunque tuviesen una consola nueva. ¿Y si en las calles pusieran señales de tráfico? Habría menos atascos, ¿no? El padre miró escandalizado a su hijo, alarmado ante la posibilidad de tener un retoño extremista y antisocial: - Verás hijo, nuestro planeta es libre, eso de "obligar" es un atraso inaceptable, y este es un valor que sobrepasa cualquier inconveniencia. Por eso disponemos de un sistema educativo libre, de un sistema circulatorio libre, etc. ¿Que tiene inconvenientes? Como todo en la vida, hijo mío, pero la Libertad, muchacho, es un bien que ha de estar por encima de toda circunstancia pasajera. - Pero papá, si pusieran semáforos en las calles, y señales de stop, y fuera obligatorio ceder el paso, los coches se repartirían mejor por la ciudad y se atascarían menos, y si los niños fueran obligados a ir al colegio, entonces... - ¡Hijo! ¡Calla, calla! ¿Qué estás diciendo? ¿Semáforos? ¿Niños OBLIGADOS a ir al colegio? ¿Qué clase de mundo sería ése? Cuando seas mayor lo entenderás. Lo que propones es, ni más ni menos que ¡un Estado intervencionista! ¡Por favor! ¡El Estado obligando a niños a ir contra su voluntad al colegio, y a adultos a conducir por donde no quieren...! ¡Que aberración! ¡Eso sería el infierno, hijo, ni se te ocurra volver a pensarlo! ¡Desembocaría en un régimen dictatorial! Después, más calmado, el padre continuó: - Y por cierto, me dejarías sin trabajo, recuerda que soy broker en una gestoría de tráfico, mi cartera de clientes se compone de conductores de automóvil que me pagan cada mañana por aconsejarles sobre cuáles serán las carreteras menos congestionadas, resultado éste que obtengo de complejísimos indicadores matemáticos multidimensionales de densidad de tráfico y otros factores, que necesité años para aprender (que no entender). Imagina, hasta se han concedido premios Nobel a algunos de sus descubridores. ¡Son muchos los conductores que nos lo agradecen, las propias ambulancias ahorran muchos minutos al día en sus recorridos al eludir atascos, gracias a nuestros consejos estadísticos! ¡Y tú quieres dinamitar todo el sistema! - Ya, papá, pero sólo digo que eso es como un tuerto guiando a un ciego, es un éxito de mentira, porque si el ciego se puede curar, es mejor curarle, y no ponerle un tuerto como guía, es un apaño feo. Así pasarían menos esas cosas que dicen las noticias, eso de los desplomes bursátiles, las crisis, los cracks, las burbujas... - ¡Ya está bien! ¡Vas a dejar de decir tonterías ahora mismo! - Pero papá, si es sólo eso, que en lugar de dejar que todo vaya al azar, o al capricho de cualquiera, se regule un poco, que si estas cosas son impredecibles y explotan a veces es porque nadie quiere fijar reglas que las sujeten, mira el atasco del otro día, ese que duró dos días y se chocaron tantos coches, si pusieran un semáforo en la esquina de abajo, seguro que... El padre, iracundo, resoplando por todos sus orificios, imaginándose a sí mismo despedido de su trabajo por culpa de un semáforo y un sistema de tráfico ordenado (al fín y al cabo, él era pescador gracias al río revuelto del tráfico), emitió un rugido tan tremendo que el niño se derrumbó: - ¡Buaaaaaaaaa! - ¿Te gustan las normas, las dictaduras intervencionistas, y obligar niños? Pues ahí tienes una obligación: ¡A la cama! ¡Poner señales de tráfico, lo que hay que oír! ¡Por dios que a la Libertad no se la toca en esta casa! Ejercicios para el lector: ¿Cuál es la moraleja de este cuento? ¿La tiene? A modo de ejemplo, ¿entenderá el niño alguna vez por qué en la Tierra los precios se autorregulan de igual manera que el tráfico en su planeta? ¿Llegará a entender que el precio de una hipoteca dependa, tras una cadena de causas y efectos, de los temores de unos accionistas, que (para sorpresa del niño) son totalmente libres de elegir el precio de venta de sus acciones? ¿Es razonable que el valor objetivo de una empresa se determine por su perspectiva futura (rozando ya lo esotérico) y por los miedos subjetivos de un ente débil y poco fiable, el llamado "inversor"? Referencias: Ésta misma, por ejemplo
October 13 ¿Te atreves a dudar de lo que todos dan por bueno? ¿Te gusta pensar sin miedo a equivocarte?Entonces ya puedes visitar -- Sailor Worlds --, blog independiente y con interés filosófico donde podrás participar, criticar o apoyar libremente las ideas de otros.
Las ideas construyeron el progreso, y ahora se mueven más rápido que nunca. Tú y yo somos como neuronas intercambiando información; la humanidad es como un gran cerebro que piensa a velocidad creciente. Aporta tus impulsos nerviosos y deja que fluyan constructivamente. October 11 ¿En qué tenía razón el principito?Vamos a ponernos serios.
Y dirás: "¿cómo vamos a ponernos serios si estamos hablando del principito, que es el personaje de un cuento para niños? ¡Esto no es serio!"
¿De verdad piensas así?
Si has leído el principito, me gustaría saber hasta dónde crees que puede extrapolarse a la vida real. ¿Es posible hacerlo? ¿No es posible? ¿Es tontería extrapolar algo?
Y si no lo has leído, ya lo estás haciendo. ¡Arre!
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